☆Gracias Por El Pulso Hijo

2017-03-22-23-09-05

Tengo angustia y un dolor de cabeza tremendo pero he ganado el pulso.

Mis chicos van a cumplir en breve 4 años y dejando atras la experiencia de criar a dos bebés de una sola sentada siento que me enfrento a la ardua tarea, mas complicada todavía, de educarlos. Voy siendo consciente de lo dificilísimo que es y de lo que se nos viene encima.

Hoy como a diario hemos ido a nuestra sesión de parque, creo que un ratito al dia después del cole es algo necesario de momento, allí es donde uno de mis chicos me ha retado. No ha tenido suficiente con una vez, por lo visto ha querido ponerme a prueba hasta tres veces enfilando medio cuerpo por una plataforma de unos casi 2 metros de altura, supongo que le ha debido hacer gracia ver mi cara descompuesta a la vez que corría a rescatarlo gritando como una verdulera por todo el parque durante  segundos interminables.

Por qué he dejado que volviera a subir? Porque he confiado en él. Por qué después de la primera y segunda charla a modo de pedazo de bronca no nos hemos ido del parque? Pues porque son dos, de la misma edad y creo que uno no ha de pagar las consecuencias de la rebeldía y el desafío del otro, aunque por desgracia a la tercera el que responde con buen comportamiento resignado y sin rechistar  se ha despedido de sus amigos con un “hasta mañana chicos, me tengo que ir”.

Esta tarde he recordado las palabras que a modo de consejo nos dijo el papá de unos mellizos algo más grandes por aquel entonces que los míos: “cuando lloren dejarlos”, me sonó a duro, a cruel, a padre sin escrúpulos… a lo que queráis pero hoy lo he recordado como la voz de la experiencia en momentos límite.

Lo de hoy ha sido un pulso de cum laude, hoy era la oportunidad, mi hijo me ha puesto a prueba antes y después, han sido dos largas horas en las que he respirado muy hondo y he seguido el consejo de aquel padre de mellizos esperando el momento en el que los primeros nudillos del puño  que tocaran la mesa fueran los de mi hijo y así ha sido.

Me voy a la cama agotada pero satisfecha.

Hijo, hoy todos hemos aprendido. Me has enseñado a mantenerme firme y serena aunque con el pecho encogido por verte berrear exigiendo volver al parque como si no hubiera pasado nada. Y tú con tus gestos de cariño y mimos me has demostrado que has comprendido que no todo vale. Supongo que este ha sido el principio del largo camino que nos queda por recorrer, pero no te preocupes porque ahí estaré.

“Las raíces de la educación son amargas, pero la fruta es dulce” Aristóteles

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